sábado, 2 de julio de 2016

Gris plata

No hay mejor momento para irse a dormir que cuando sentís el vodka en la sien. Esa sensación me suele marcar la retirada, o al menos lo intenta, ya que no siempre logra ganarle a mi voluntad de seguir tomando y que mi yo del pasado me arrastre de los pelos a cometer un papelón. No es que quiera molestarte, esto en mi mano no es un cuchillo, no,  porque no vine a lastimarte, no volví para llevarte de nuevo al infierno,  nada de eso,  de hecho son esos los motivos por los cuales no vuelvo. Mirame bien, no estoy volviendo, te estoy marcando el camino a vos. 
Si, ya se que cerré mal la puerta, ya se que te quedaste un rato al otro lado por las dudas, pero esas dudas por las que vos te quedaste, para mi eran certezas, por eso abandoné. Perdón, de verdad te juro que esto no es un cuchillo, de hecho no se que es, tal vez lo sea, y quizás por eso es que apenas me dejo acercar, quizás si, sea un cuchillo, pero uno de doble filo, uno con el que te lastime de nuevo a la vez que me corto las manos con tu dolor.
No, no puedo asegurarte nada, es por eso que todavía no llegué y ya me estoy escapando, porque a fin de cuentas eso es lo que mejor me sale cuando me cruzo a alguien que me puede hacer feliz.  Correr, esconderme, lastimar por inercia
Y no puedo pisar dos veces la misma baldosa floja y salpicarte, se supone q esta vez ya se donde esta la baldosa y la esquivo, se supone q esta vez vos ya sabes que soy un cuchillo y te alejas.
Pero no, abrazarme, cortate de nuevo, así puedo otra vez salir corriendo y diciendo que lo hago por vos, cuando en realidad sólo tengo miedo a que de tanto cortar, pierda filo.
Cuando en realidad tengo miedo de no saber como ser feliz

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