lunes, 22 de agosto de 2016

Más San Telmo por favor

Es fácil enamorarse de San Telmo. 
Las calles empedradas, las fachadas antiguas, el mercadito de barrio que contra todo pronóstico supo sobrevivir al progreso y al supermercado chino. 
Sábado 10 AM. San Telmo se va terminando y bordea el conurbano entre dos tazas de café con leche tan grandes como el quilombo interior. Me quemo la lengua pero hace tato frío que esta todo bien, no puedo parar de mirar las esquinas que me rodean, mientras tanto el fuma el tercer cigarrillo de la mañana, y es para eso que elegimos una mesa en la calle,junto a la ventana. Encontramos esa feria que yo tanto perseguía en mi cabeza, y aunque recien abría la usamos para cortar camino. Mi primer sobre de azúcar susurra que "Cabe todo el mundo en la ventana de un bar", el segundo ya no importa. Nunca antes en mis veintisiempre años la persona que me había invitado un vodka me invitaba un café la mañana siguiente, quedan poco caballeros o no están donde estoy yo.
La noche anterior fue un corto independiente, la charla sobre el horóscopo, el taxista mudo, "mi casa es un desastre", el paseo por el pasillo en cámara lenta, torpe. Despierta y sonríe, la ventana se golpeó toda la noche, escuché hasta mi celular vibrando, Él nunca se enteró de nada. Me desperté tantas veces esa noche junto a él, que se sintió como haber dormido juntos por una semana. 

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