viernes, 30 de diciembre de 2016

Garganta

Estoy viviendo sola en Belgrano, de prestado, por un corto periodo que cada vez se hace mas corto, cada día parece estar mas cercano mi regreso al conurbano, extraño por adelantado el subte aún cuando difícilmente tomo el que tiene aire. Tengo en mis manos la vida de dos gatos y un cactus, de estos tres, solo me pertenece un gato, Mercurio, mi hijo. Digo que sus vidas están en mis manos porque no puedo olvidarme de darles de comer, de servirles agua, de ver que no se hayan suicidado por a ventana que da al pulmón del edificio como quizás yo haría si siento el abandono que veo que sienten cuando me voy a trabajar
Camino por la casa cada día con menos ropa, cada día mas viva, cada día sabiendo mejor como evitar que me vean por las demás ventanas, paseo descalza, saco abejas para que no piquen a los gatos. Al llegar del trabajo lavo ropa, nunca pensé que podía sentirse tan bien la vida de ama de casa, pero sucede, tengo responsabilidades para equilibrar a balanza de la libertad.
Y aún así, se tener un tiempo para él, aún así propongo subirme a un subte, combnar con otro, tomarme un tren, y después un colectivo, todo para llegar desde Belgrano hasta Lomas de Zamora y pasar unas horas con él, preguntarle si está mejor, abrazarlo, fundirnos y ser uno sin dejar que el clima de diciembre nos intente persuadir.
Pero no, él no tiene ese tiempo, aún cuando probablemente esté ahi, donde estaría con él, aún cuando seguramente este sentado en la misma cama, al lado de las mismas perras por as que me llamó casi llorando una semana atrás.
No quiero que me lame más cuando no quiera o no pueda estar sólo, quiero que me llame cuando quiera estar conmigo, como yo hago con él.

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